Historia de San Cipriano

Aquí podrás enterarte de la vida del hechicero, que convirtió su vida al cristianismo para entregarse a Dios. Hoy, es un Santo muy poderoso, que protege a todos quienes le rezan con devoción.

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Biografía de San Cipriano


San Cipriano nació en Siria, a principios del siglo III, siendo consagrado por sus progenitores, a la diosa Afrodita. Provenía de una familia de creencias paganas, donde magos y brujos eran la mejor opción.

Desde muy pequeño fue inculcado por el amor a la lectura y a los conocimientos de rituales vinculados a la magia blanca y negra, hechizos y exorcismos. El joven Cipriano demostraba ser altruista y generoso con sus condescendientes.

A la edad de treinta años, el Santo regresó a Antioquía, la ciudad que lo vio nacer y se dedicó de lleno a los rituales de magia blanca y negra, donde llegó a pactar con el propio Lucifer. Era reconocido su prestigio como Hechicero y superaba al de los competidores de aquella época.

Cierta vez, alguien se acercó al Hechicero, solicitándole que una bella mujer, llamada Justina, se enamorara de él. Cipriano, así trató de hacerlo, pero ella estaba entregada al cristianismo y su fe religiosa, impidió que el embrujo surtiera efecto en ella.

Cuenta la leyenda, que después de haber conocido a esta adorable chica, Cipriano quedó perdidamente enamorado de ella. Intentó seguir con sus brujerías para que sea suya, pero tampoco lo logró.

Fue así, como fue a encontrarse cara a cara con el mismo Satanás y le preguntó por qué le estaba fallando su artillería de magia negra, al querer conquistarla. El diablo le contestó que ella estaba bajo la protección de Dios y que contra Él, nadie podía.

Desde ese momento, inició su conversión al Cristianismo, para estar cerca de ella, accediendo con el tiempo, a ser Obispo de Antioquía. Entregó todos sus bienes a los más pobres y dedicó su vida a los más humildes. De esta forma logró ser el compañero de vida de la joven Justina.

En el año 257, el emperador Dioclesiano comenzó una persecución salvaje contra el Mártir, que escondido y exiliado, seguía predicando la idea de un solo Dios. Esta actitud llevó su vida al peligro constante.

Estuvo sometido a diferentes tribunales de faltas y a terribles castigos, pero Cipriano se mantenía firme en su lealtad, hacia el único Dios que él conocía. Finalmente, en el año 304, en la costa del Río Galo, Cipriano junto a su amada Justina fueron decapitados despiadadamente.

Desde ese día, sus huesos y los de Justina, fueron llevados a Roma, por algunos Cristianos que los lloraban desconsolados, y dejados al cuidado de una mujer, conocida como Rufina.

A partir de su canonización, ambos Santos, Cipriano y Justina, aparecen en el santoral el día 26 de Setiembre, como dos Mártires reverenciados, por quienes siguen invocándolos, para pedir por sus Milagros.

Se han escrito diversas obras aludiendo a la vida de San Cipriano, como un Mago y Hechicero prodigioso, que se convirtió al Cristianismo para seguir haciendo el bien, desde su posición eclesiástica.

¿Para qué se le pide?


A San Cipriano se lo venera por su fidelidad hacia quienes le imploran y piden por su protección. El Milagroso Mártir, que dio su vida por no fallarle a Dios, es capaz de ayudarte en cualquier ámbito que lo necesites.

Temas como el amor, ya sea para atraerlo, recuperarlo o solucionar conflictos de pareja, son habituales en las peticiones de sus fieles, que rezan las oraciones más vehemente, dedicadas al Santo.

Puedes recurrir a San Cipriano rezando plegarias para tener un trabajo, o tener un ascenso que no llega. En cuanto a las finanzas, también el Santo más generoso, te brindará su ayuda incondicional, si le pides con mucha fe.

Si deseas solucionar un problema de salud espiritual o físico, o si tienes necesidad de una limpia para tu hogar, las súplicas y velas encendidas, de acuerdo con cada oración, darán maravillosos resultados.

Confía en él y te devolverá la confianza en cada bendición, que deje sobre ti y tu familia. Ruégale, es un Santo, a quien puedes dirigirte con desesperación y tendrás una respuesta inmediata de su parte.

Si le pides con humildad y credibilidad, las peticiones serán cumplidas. Las ofrendas más habituales para agradecer las bendiciones, son las velas moradas, inciensos de diversos aromas y copas de agua o vino.

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